Javier Paredes lleva décadas estudiando uno de los capítulos más oscuros y menos conocidos de la historia de España: la persecución religiosa desatada durante la Segunda República y la Guerra Civil. Ahora, el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá de Henares rompe con el molde del libro académico y publica ¡Hasta el Cielo!: Mártires de la Segunda República y la Guerra Civil, un volumen de 180 páginas pensado para que cualquier lector, especialmente los más jóvenes, se enfrente a una realidad que cifra en nada menos que 10.000 mártires.
«La mayor persecución que ha sufrido la Iglesia Católica en 2.000 años», resume Paredes sin rodeos. «En los primeros meses de la Guerra Civil murieron más mártires que en los tres primeros siglos de las persecuciones romanas». Los números hablan por sí solos: mientras los historiadores calculan entre 2.000 y 5.000 víctimas en las persecuciones del Imperio Romano hasta el Edicto de Milán de Constantino en el año 313, solo los procesos de beatificación en marcha en España documentan a 10.000 personas ejecutadas exclusivamente por motivos de fe.
¿Qué Oculta la IZQUIERDA sobre la República Española?: Vender España a Inglaterra
Durante la Guerra Civil Española, el Gobierno del Frente Popular buscó desesperadamente apoyo internacional. Entre negociaciones secretas y documentos poco conocidos, surgió una propuesta sorprendente: ceder los puertos estratégicos de Vigo, Mahón y Cartagena al Reino Unido a cambio de ayuda militar.
Este episodio salió a la luz gracias a las memorias del comandante republicano Alberto Bayo, quien aseguró haber sido testigo de estas conversaciones, y fue reforzado décadas después por un informe del Foreign Office británico que mencionaba la oferta de utilizar puertos españoles “en caso de necesidad”.
Un capítulo polémico y casi olvidado que, de haberse materializado, habría comprometido la soberanía española y cambiado el rumbo de la historia de España y de Europa.
En este vídeo analizamos uno de los momentos menos conocidos del conflicto: cómo la República llegó a plantearse entregar enclaves estratégicos en plena guerra, quiénes estuvieron detrás de la propuesta y qué consecuencias pudo tener para el futuro del país.
El catalanismo ha convertido a Lluís Companys en el mito perfecto. Lo presentan como el máximo representante de Cataluña fusilado por un gobierno español (y fascista), por la simple acusación de haber defendido la diferencia nacional catalana. Apartado el mito, que es una instrumentación política de la historia, queda un personaje definido por su deslealtad a la república española, su golpismo y el que permitiera o alentara el genocidio en Cataluña durante la Guerra Civil. Tampoco es que fuera Companys un santo de devoción para el nacionalismo de su época. Los independentistas lo odiaron porque Companys primó el obrerismo al nacionalismo y porque luego, ya con la Guerra Civil en marcha, se apoyó en los anarquistas, a los que los independentistas llamaban «murcianos» por haber ido a trabajar a Cataluña desde otro lugar de España. El odio de algunos independentistas a Companys llegó hasta tal punto que Joan Casanovas y el partido Estat Català planearon un golpe de Estado y su asesinato.
La matanza de la cárcel Modelo de Madrid fue un suceso luctuoso que tuvo lugar al comienzo de la guerra civil española. La tarde del 22 de agosto de 1936 comenzó un confuso incendio en el interior de la prisión, la cual, desde el comienzo de la guerra, acogía a numerosos presos políticos y militares sospechosos de ser partidarios de la sublevación militar. Se corrió el rumor por Madrid de que se estaba produciendo una fuga de la prisión, por lo que una masa indignada se presentó a las puertas de la cárcel, exigiendo la ejecución de los presos «fascistas».